Esta mañana me van a fusilar.

Retrato de Carme Claramunt, la primera catalana que fue ajusticiada durante el franquismo

El historiador badalonés Emili Ferrando recupera el caso de Carme Claramunt, la primera catalana ejecutada por el franquismo tras la Guerra Civil
JORDI RIBALAYGUE
Badalona05/03/2016 20:01

"Estimada 'tieta': ha venido el juez y ha decretado la pena de muerte, y me ha dicho que así lo había decretado el Generalísimo y esta mañana a las cinco me van a fusilar. Tú ya sabes que matan a una inocente".

Son las primeras líneas que Carme Claramunt escribió en la madrugada del 18 de abril de 1939, horas antes de ser ejecutada. Trabajadora de 41 años, alejada de los liderazgos políticos y sindicales durante la Guerra Civil, fue la primera de las 11 mujeres encarceladas en la prisión femenina de Les Corts en perder la vida en el Camp de la Bota, donde cayeron abatidos unos 1.700 represaliados por el franquismo. También consta como la única vecina de Badalona ajusticiada entre el centenar de víctimas que la dictadura se cobró tras la contienda en la ciudad.

"Desde el cielo rogaré para que a ti no te falte de nada. Ya sabes que no morimos. Nada más dejamos la tierra", proseguía la misiva de Carme a Angelina Picas, a quien trataba con familiaridad porque compartían un comercio de tejidos y domicilio en la calle del Mar, y que también fue recluida.

"Es una carta preciosa, el único documento que ha quedado de ella", comenta el historiador Emili Ferrando, conocedor del movimiento obrero de Badalona y que acaba de editar Executada, un libro sobre una "chica normal y corriente" que se convirtió en la primera catalana fusilada tras la conflagración. Se cuantifican 3.358 ejecutados en Cataluña durante el régimen de Francisco Franco, incluidas 17 mujeres.

"Casi no sabemos nada de ella, pero a través de su última carta muestra un poco quién es. No despotrica, acepta su destino trágico con una normalidad que asusta", resalta Ferrando, "simplemente reclama su inocencia. Pero luego se preocupa por los demás: por su tía, por la familia, pide justicia para sus compañeros ya que ella no la ha tenido...".

"No sé cómo decirte lo que quisiera decirte con palabras de consuelo para que no te desesperes", anota Carme para su 'tieta'. "La única cosa que te consolará será pensar en nuestra conciencia tan limpia", reivindica, frente a la muerte que se acerca.

La denunció una vecina, Maria Sallent, con dos hijos asesinados en la retaguardia republicana. "Aparte de la confrontación ideológica se juntaron intereses económicos", sostiene Ferrando, "Angélica tenia pensado dejar su tienda a Carme. La familia Sallent vivía en la misma casa y esperaba que se la dejara a ellos. Todo influyó: intereses económicos, envidias, venganzas... Son el símbolo de las dos Españas enfrentadas, una viviendo al lado de las otras".

Transcurrieron 47 días desde que Carme fue apresada junto a Angelina -en su caso, sería castigada con cadena perpetua- hasta ser trasladada ante el pelotón de fusilamiento tras recibirse el 'enterado' del dictador. El juicio a ambas en el tribunal militar fue el prototípico en posguerra, describe el historiador: "Se citaron a seis testigos. Iban manipulados. El lenguaje típico de la Falange se puso en boca de los testigos, manipulados descaradamente. Ninguno testificó a favor. En ningún lado aparece un abogado defensor en el caso de Carme. Las acusaciones eran tonterías, se magnificaron, y ellas indefensas, sin un abogado que la guiase. En un mismo juicio se metían a 15 o 20 reclusos. En esos tribunales sumarísimos se violaban todas las leyes humanas y divinas".

Claramunt -que militó en Esquerra Republicana y Estat Català, pero sin destacar en sus filas- fue declarada culpable de adhesión a la rebelión militar, acusación cínica bajo la que un régimen instaurado por golpistas reprimió a numerosos opositores. Lo que se le atribuyó fueron "exageraciones", subraya Ferrando: "Eran denuncias en las que no hacía falta probar nada. Hay una acusación bárbara que dice que, por culpa de Angelina y Carme, ha habido todos los asesinatos en Badalona durante la guerra. Pobres chicas. ¿Quién puede creer que tuvieran poder para decir a quién matar?".

La mujer falleció en el parapeto del Camp de la Bota junto a otro badalonés, Ginés Sánchez Quílez. "Tía querida, te deseo muchos años de vida y salud. Ya notificarás a mis nunca olvidables hermanos, primos y amistades que me han fusilado", rogaba Carme en la hoja que los descendientes de otra presa de Les Corts han guardado.

"No hay que mitificar", opina Ferrando, con materia tan dramática entre manos, "lo que hay que mitificar es el valor de las mujeres normales y corrientes. Y más en esa época, que se echaron a la espalda toda la familia, en tiempos en que el marido estaba en el frente o el exilio. Merecen un reconocimiento por sus vidas. Carme era una de esas personas, que tuvo la mala pata de que confluyeran unas circunstancias que acabaron con su muerte prematura".

"Le mando un sinfín de besos, su hija que nunca la olvidará", cierra la misiva.

ORIGEN DEL ARTICULO:  http://www.elmundo.es/cataluna/2016/03/05/56d9e44046163fdd6d8b463f.html
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